David Cameron, primer ministro inglés, al enfrentar las nuevas pretensiones argentinas sobre las islas del sur del continente, hábilmente ha sabido recurrir a una tendencia actual del derecho internacional, consistente en acudir al principio de autodeterminación de los pueblos como fundamento soberano para la toma de las decisiones.
Francisco de Vitoria, aquel autor de "Los Indios", con sabia anticipación, propia de un fraile dominico de su tiempo, indagó sobre este principio de la autodeterminación de los pueblos como principio coetáneo a la conquista, la colonia y la inquisición, reconociéndole a estos "amentes" el fuero suficiente para tomar sus propias decisiones, obviamente desde la óptica de quien veía en ellos la urgencia de evangelización e iluminación en la verdad de Cristo.
Sin embargo, no pueden desconocerse los fenómenos de la denominada "primavera árabe", como manifestaciones que de alguna manera buscan en las reivindicaciones de derechos democráticos el referido principio de autodeterminación de los pueblos.
Así, contrario a lo que podría sugerir Chomsky, estos procesos han venido dándose en la historia reciente de la humanidad desde Timor Oriental, caso que merece la lupa crítica de los estudiosos, por cuanto esta decisión libre fue producto del asentimiento sobre estas decisiones que diera su dominador u opresor, de lo contrario, muy seguramente se mantendría un status quo que aun cuando el pueblo quisiera revertirlo, difícilmente podría lograrlo.
Veamos, casos como el de Egipto y el de Siria, muestran a las claras que incluso la comunidad internacional está lejos de lograr estas reivindicaciones soberanas de los pueblos, si no se cuenta con el respaldo de los mismos opresores, sea para dejar el poder de manera negociada o incluso para aceptar la derrota en los enfrentamientos, por cuanto para nadie es ajeno al temor de la amenaza que se mantiene latente, en un mundo que aunque haya querido marcar el "fin de la historia" con la caída del Muro de Berlín, se ha polarizado respecto de aquellos que hostiles representan no un peligro ideológico o político pero sí nuclear, como es el caso de Irán o Corea del Norte, quienes de alguna manera, sin expresarlo, en el caso de Corea del Norte, podrían parcializarse en apoyo de uno u otro de los sujetos internacionales que ostentan el dominio sobre posiciones estratégicas petroleras en el nuevo orden mundial.
Ahora bien, pensar ingenuamente que es efectivo y espontáneo el ejercicio del derecho de libre autodeterminación de los pueblos en el caso de Las Malvinas, es bien cuestionable, máxime si se tienen en cuenta los 14 días en que se puso punto final a una guerra perdida desde siempre y que fuera la causa de un Galtieri desgastado por el abuso de sus predecesores y que su error táctico permitiera refundar la democracia en Argentina.
En ese orden de ideas, enfrentar el principio de la inmediación territorial del derecho internacional público, tesis que sostiene Argentina como argumento, con el principio de la libre autodeterminación de los pueblos, surge como una inteligencia mediática frente a la misma población que se asienta en el territorio en disputa, por cuanto de una sola vez, puede ella acogerse a su historia como ingleses que como argentinos para ejercer "libremente" el referido principio, con la única finalidad de acogerse a sus propios derechos de supervivencia y de humanidad, aquellos de los que no hablan ni Cameron ni Kitchner, por cuanto se quiera o no, serán los verdaderos derechos que se vulneren ante el enfrentamiento, siendo el territorio y la población misma el retazo del que tiren los unos o los otros para hacerse a su dominio, aunque ello implique su extinción.
La realidad del principio de la libre autodeterminación de los pueblos en el caso de Las Malvinas.
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