En estos momentos la humanidad enfrenta diferentes circunstancias que cuestionan su esencia, por cuanto es indudable que sus manifestaciones violentas, la exclusión que sobre su propia existencia hace, la depredación de su entorno y la carrera sin fin que ha emprendido frente al consumo, la ponen en grave riesgo de supervivencia.
Ante la crisis del 2007, que ha tocado a Europa en el 2011 y 2012, llevan a repensar el sistema económico internacional, además de reevaluar el concepto de justicia internacional.
Los esfuerzos que ha hecho la Corte Interamericana de Derecho Humanos por reivindicar los derechos humanos, ha sido ingente frente a la creciente ola de crímenes y delitos que ya rebasan con creces la connotación de lessa humanidad, para tener que aceptar que "el simple homicidio" local debe tenerse como tal, sin embargo, es allí donde se chocan los trenes de los ordenamientos jurídicos nacionales frente a los internacionales, tal puja lleva, por desgracia, a que la reivindicación enfrenta los ordenamientos jurídicos bajo sesgos que se sustraen en muchos de los casos al interés de la humanidad, como concepción primigenia del derecho y la justicia.
El plantear el título de "El ADN de la humanidad" invita a la reflexión que debe embuirnos como seres vivos en relación con las responsabilidades que como tal tenemos con la existencia y coxistencia con otros seres de diferentes reinos, los cuales interactúan bajo el mismo interés preservacionista más no impositivo de su propio orden.
Así las cosas, haciendo eco a su vanidad, el hombre ha querido tener dominio de todos los reinos, a través de su racionalismo científico, que sondeando ha llegado incluso a manipular la genética y ha dispuesto nuevas tecnologías para garantizar su subsistencia depredadora y la de un sistema de consumo desmedido que le ha justificado a tomar medidas que le mantengan en la misma rata ascencional para beneficio de los aparatos productivos, especialmente de aquellos que acuden a instrumentos como los subsidios cruzados, el dumping y otras prácticas que dadas las economías a escala contribuyen lesivamente a la desapariación de la especie y de las demás junto con su entorno.
¿Cuál es entonces el ADN de la humanidad?
¿Será que fluye en él una información autodestructiva o egoísta frente a su aparente superviviencia?
La respuesta no se hace esperar cuando se analizan las críticas condiciones que el sistema económico ha impuesto a una humanidad que incondicional se ha entregado a sus fueros, renunciando a su ADN para pervertirse en su autodestrucción.
Surgen entonces propuestas como la responsabilidad social, consumo responsable, conciencia verde, inclusión, etcétera.
Hoy las nuevas generaciones serán quienes tomen las riendas del futuro, para llevar a la realidad las propuestas como delineantes de un ADN excelso y compenetrado con su ser, que no puede ser otro que el del todo en armonía, en paz y en franca y absoluta comunión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario