Hoy concluye la VI Cumbre de las Américas, de cuyas conclusiones se hace preciso analizarlas frente a la realidad de las actuales relaciones internacionales al interior de la región.
Excepto el presidente Barack Obama de los Estados Unidos de América, los demás mandatarios aceptaron la importancia de invitar e incluir en las próximas cumbres a Cuba, hecho que a la fecha se ha tardado en resolverse a favor de la isla y de las relaciones.
Los argumentos del gobierno de los Estados Unidos de América siguen siendo los mismos de antaño, no existe en la isla una democracia efectiva, que reivindique los derechos ciudadanos.
A esta posición, que obviamente no contradice el espíritu que se renovó hace ya 18 años en Miami, Estado Unidos, ciudad donde se dejó claro que en "Las Cumbres de las Américas" se reúnen los Jefes de Estado y de Gobierno de los Estados Miembros del Hemisferio para debatir aspectos políticos comunes, afirmar valores y comprometerse a acciones concertadas a nivel nacional y regional con el fin de hacer frente a desafíos presentes y futuros que enfrentan los países de las Américas, los demás estados de la región asintieron tímidamente respecto de las necesidad de contar con Cuba en las próximas cumbres.
En 1994, como anfitrión, Estados Unidos convocó a un pacto para el desarrollo y la prosperidad basados en la conservación y el fortalecimiento de la comunidad de las democracias de las Américas, invitación que se atendió y los mandatarios de la región aceptaron expandir la prosperidad a través de la integración económica para erradicar la pobreza y la discriminación en el hemisferio, y para garantizar el desarrollo sostenible y al mismo tiempo proteger el medio ambiente.
Al revisar las conclusiones de la VI Cumbre de las Américas, se observa que su convocatoria, seguida del slogan “Conectando las Américas: Socios para la Prosperidad”, concluyó al reconocer la importancia de apurar la integración física y la cooperación regional para alcanzar mayores niveles de desarrollo y avanzar en la superación de problemáticas comunes como la pobreza, la desigualdad, la inseguridad ciudadana, los desastres y acceso y uso de tecnologías.
En ese orden, no cabe duda que estas cumbres están inspiradas en el Consenso de Washington de finales de la década de los ochenta, el cual sugiere estrategias para el desarrollo de los países de América Latina, entre las cuales se destacan la liberalización de las fronteras, la disciplina presupuestal, aumento de la inversión, mercados desregulados y protección de la propiedad privada.
Así las cosas, al reconocerse en las conclusiones que deben apurarse los procesos de integración física y la cooperación internacional, es un claro llamado al desarrollo a partir del consumo, sea de los mercados regionales o de terceros, lo cual contrae, si no se establecen mecanismos de inteligencia superior, daños algo más que estructurales, sociales y principalmente ambientales.
Hoy, estos países latinoamericanos que participaron de la cumbre, deberían empezar a pensar en la exibigilidad de los tantas veces nombrados y nunca cobrados "impuestos verdes" que permian la consumación de los derechos sociales a partir de lo ambientalmente protegido, debiéndose exigir por la región el consumo en esos mercados de productos que sean intensivos en mano de obra no calificada y que acrediten el uso de tecnologías limpias y con mayor razón orgánicas.
Esta propuesta debe dirigirse hacia los países más desarrollados, con el fin que a partir de su cooperación se financien los procesos de acreditación certificación, para que puedan establecerse iniciativas productivas minifundistas que bajo esquemas cooperativos efectivamente viables permitan conducir a estas poiblaciones a niveles de desarrollo realmente sostenibles.
El éxito, además, estaría garantizado si la educación formal gira hacia estas poblaciones en especialidades asociadas, como sería el caso de hidroponía a gran escala, abonos orgánicos, producción y manejo de combustibles biológicos, etcétera.
En lo que atañe a la integración física, no puede desconocerse que en tal sentido ya existen iniciativas de interés subregional, como es la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana - IIRSA, la cual seguirá adelante con sus macroproyectos, incluyendo en ellos los que impactan a cada país y que coadyuvan al interes subregional.
En conclusión, la VI Cumbre de las Américas siguió su libreto, nodistrjo el objetivo y sobre temas de los cuales se esperaba un pronunciamiento, se dejaron al resorte de la Organización de los Estados Americanos - OEA.
El tema de la despenalización de la tenencia de drogas o de la lgelización de las mismas, pasa a otro capítulo, dejándose claro por los Estados Unidos de América que no es posible pensarlo hoy.
Al respecto, cabe retomar la historia y atar los cabos que la misma ha hecho evidentes, la derrota de los sistemas de salud pública a costa de la ciudadanía en general, el aumento de la mortalidad, las enfermedades mentales y otras realidades que demuestran que el haber legalizado el alcohol y el cigarrillo han aumentado los costos de la salud p{ublica en desemedro de aquellos que no tienen acceso a ella y que el sistema asistencial es insuficiente para atenderles como es debido.
Definitivamente, la inteligencia en tal sentido debe enfocarse hacia la verdadera prevención, fortaleciendo los lazos del hogar, la construcción de valores de sociedad, pero principalmente afianzando los básicos principios de la vida, la cual más allá de la autodeterminación que le asisten a cada individuo, es un patrimonio de la humanidad que no es dispobible por nadie, que debe procurarse a sí misma la subsistencia y permanencia como parte del equilibrio que ofrece el ecosistema que a todos nos es común.
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