domingo, 8 de abril de 2012

Humildad

En estas fechas en las que nosotros quienes profesamos la fe en Cristo, cuya sustancia se centra en la resurección como gran misterio, tuvimos que ver un ejemplo vivo de lo que Dios quiere en nosotros, humildad.

Hugo Chávez, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, enfrentando una enfermedad que es ya una pandemia, por cuanto para el año 2002, según Globocan, exisitían más de 160 casos por cada 100.000 habitantes, pide públicamente a Dios que lo mantenga con vida por cuanto aún "le quedan cosas por hacer".

En esta expresión pública denota el presidente Chávez, que antes que su poder temporal está su condición humana, aquella que teme ante al adversidad de la enfermedad, aquella que sufre el dolor, que padece el tratamiento, pero que ante todo mantiene la esperanza en quien efectivamente ostenta el poder.

No puede sentirse como una súplica desesperada, no pueden buscarse explicaciones ni justificaciones, simplemente debe aceptarse que la enfermedad que agobia hoy al gobernante a cualquier humano le confronta con la posibilidad de morir, por eso, resulta desdeñoso e incluso infame cuestionar si el presidente Chávez quiso o no con su expresión revelar la mortalidad de su enfermedad, simplemente quiso mostrarse como el ser humano que agobiado ante su realidad espera su resurección, desnudando libre de prejuicios su más íntimo deseo y fervor.

Presidente Chávez, más allá de los prejuicios que puedan cernirse sobre nosotros, que Dios en su santa voluntad, le conceda la salud y que la obra del Espíritu se haga evidente con sus actos.

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